Testimonio de Santiago y Roberto
SANTIAGO Y ROBERTO: 2 RELATOS DE SUPERACIÓN DE LA LUDOPATÍA.
Santiago Camaño es un coruñés que desde joven fue víctima de la adicción al juego y ahora, con sólo 26 años, y repleto de esperanza, lleva rehabilitado 18 meses. Con tan solo 14 empezó a jugar al póker pero reconocer que fue a los 16 cuando se enganchó y comenzó a perder el control con las tragaperras y la ruleta. Después a los 19 se pasó a las apuestas deportivas.
"Cuando pedí ayuda fue por motivos económicos, tenía una deuda que quería que me ayudaran a pagarla y por eso pedí ayuda," cuenta. Debía entre 8.000 y 9.000 euros.
No se percató realmente de que tenía un problema hasta su cuarta recaída, pero ahora recuerda que, por culpa del juego, tuvo problemas con sus seres queridos. "Siempre estás de mala leche, siempre buscas conflictos. Parece que todo el mundo está en contra de ti y sí que es verdad que ahora me doy cuenta de que tuve muchos conflictos por culpa del juego", reconoce Santiago.
Un día se habló a sí mismo y se pidió "por favor mientras lloraba" no ir a jugar, pero no cumplió su ruego. Fue su última apuesta y afortunadamente no sabe si la ganó o la perdió.
"Cuando estaba mirando la apuesta que había hecho en directo, antes de que acabara el partido me dije: si pierde, me mato. Pero antes de que acabara la rompí la apuesta y me fui a la asociación a pedir ayuda otra vez. Y ahí fue el último día que jugué", relata el chico.
Roberto es el segundo testimonio que va a contar su historia hoy.
"Empecé a los 16 años en las míticas máquinas tragaperras de los bares, pero luego sí que es verdad que a finales de los 16 o principios de los 17 ya comencé a ir a los salones y a las casas de apuestas y eso fue lo que más me enganchó", describe Roberto Fontaneda. Este palestino que, siendo menor de edad, fue víctima del juego, a sus 21 años asiste con regularidad a las sesiones de rehabilitación.
Pese a ser joven, nunca apostó online, pues su adicción se centró en el juego presencial que lo tenía absorbido las 24 horas del día y relata cómo una sensación de adrenalina y “desahogo” se convertía después en su agonía. “En ese momento no pensabas en nada, estabas concentrado en lo tuyo, en tus tácticas, pero luego sentías una impotencia de decir me he prometido ya veinte veces que no iba a jugar o que mañana no iba a volver y a los diez segundos estás pensando ya en cómo conseguir dinero para volver mañana”, confiesa el joven.
“Lo que pasa es que un jugador se caracteriza por engañar, por manipular y por hacer a sus familiares creer lo que uno dice y te crees hasta tus propias mentiras. Tú se lo dices mirándole a los ojos y llorando y jurándole que vas a cambiar. Te lo crees tú mismo porque si no sabes que no se lo va a creer ella, pero sabes que es mentira”.
Él nunca ha sido capaz de revelar su problema a sus padres, pues fue su madre la que se dio cuenta de que algo le ocurría, pero Roberto le mentía constantemente.
Sin embargo, esos desafortunados momentos se quedaron en el pasado, ya que Roberto sabe que le queda toda una vida por vivir y está motivado para seguir adelante, pues confiesa que nunca en su vida se había sentido tan bien como ahora. Él no es el único exjugador reunido en el Congreso de A Coruña que comenzó a apostar siendo menor de edad.
Ambos tienen en común su afán por superar la adicción al juego. Junto a otros exjugadores llegados de diversas provincias, han participado en el XX Congreso Nacional de Ludopatía, organizado a finales de septiembre en A Coruña por la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados.

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